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EL ENTRENADOR CUANDO SUFRE

  • 18 febrero, 2017
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Detalles

“Si encuentras un camino sin obstáculos, probablemente no lleve a ningún sitio” Frank A Clarck

Las personas tenemos dos miedos básicos, el miedo a no ser amados, y el miedo a no ser suficientes. Esas dos carencias nos apartan del sentido de pertenencia, que es lo que nos permite sentir paz. Los entrenadores no somos una excepción. Sin consciencia de ello, a veces, estamos dispuestos a cualquier cosa por pertenecer, por ser amados.

Desde la auto-observación y mis sesiones de coaching con entrenadores, veo estos sufrimientos en la intimidad del entrenador:

El entrenador que sufre:
Quiere dar más de lo que los jugadores parecen querer recibir
Quiere tener más experiencia y conocimiento
Quiere tener más y mejores contactos
Quiere tener más y mejores oportunidades
Quiere que los demás vean todo lo que siente y sabe sobre su pasión que es entrenar
Se compara
Busca insaciablemente ser mejor
Se responsabiliza de lo suyo y de lo de los demás
Sufre con cada crítica y con su agresiva autocrítica
Quiere que le quieran como él quiere a sus jugadores
Etcétera…

Es decir, está conectado con lo que no es y lo que no hay… Todas o parte de estas íntimas batallas generan un estado emocional de angustia y frustración. Y evidentemente, lleva a desarrollar diversos mecanismos de supervivencia. Entre ellos:

Insensibilizarse a todo ello
Competir ferozmente
Traicionar sus valores para obtener reconocimiento
Renunciar a gran parte de su sueño, rebajar expectativas
Culpar a los demás de su insatisfacción
Pensar solamente en lo que puede recibir en lugar de pensar en lo que puede aportar
Etcétera…

Desde la compasión, la empatía, el respeto, si uno observa todo este mundo interior, como jugador o como padre, o directivo… o incluso como un entrenador que observa a otro… Si uno observa todo esto, ¿puede cambiar la mirada crítica hacia el entrenador? Yo creo que sí.

Pero la clave no es lo que los demás observen. La clave es dedicar tiempo, recursos, a buscar soluciones. Pero antes de la solución está el no engañarse, el validar lo que me pasa. Y que no me pasa solamente a mí! Desde ahí se puede buscar ayuda, se puede contactar con la paciencia, se puede coger perspectiva, se puede empezar a trabajar en quererse más a uno mismo.

Poco a poco puedo ver y poner luz en que soy apasionado, me preocupo por mejorar, entreno desde el amor al baloncesto o a mi deporte, y desde el amor a los jugadores (entendido como servicio, implicación, dedicación, apreciación). Soy capaz de mirar mi proceso, en perspectiva. Todo lo que he trabajado, todo lo que he mejorado. Soy capaz, también, de ver cuando me he traicionado a mí mismo, al baloncesto, o al jugador.

Y entonces, puedo conectar con lo que soy, con mi propósito, con mi motivación y con la íntima satisfacción de estar enfocado en ser una persona de valor y no de éxito. A celebrar cada aprendizaje, venga de donde venga y de quien venga. El éxito es efímero. El valor es esencial. El valor es algo que regalo a los demás, y permanece como legado. Me conecta con la transcendencia, es decir, con algo más importante que yo mismo.

Por lo tanto, sufre, trabájate, compréndete, valórate… y no te rindas! Ser entrenador va de lo que eres y tienes, no de lo que no eres o te falta. Puedes estar orgulloso de ser entrenador. Es para estarlo! Y si todavía no puedes, no pasa nada, ya podrás!

“No se trata de la meta. Se trata de crecer para convertirse en la persona que puede lograr esa meta.” Tony Robbins

Xavier Garcia (@xgpcoach)

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